Enriquecimiento del suelos para su Jardín

El suelo se puede enriquecer de varias maneras.

En el jardín, haciéndolo de forma orgánica, con el uso de materia viva (pasto) y desechos (compost, estiércol), es mucho más seguro para la salud y en muchos casos menos caro que usando materias inorgánicas, o productos químicos y fertilizantes.

El uso de pasto como abono se ha venido practicando durante generaciones. Consiste en sembrar la cosecha en la tierra de barbecho y luego mezclarla al arar en vez de segarla.

Sembrarla o enterrarla proporciona materia orgánica (para una mejor textura) y nutrientes (para mejorar la fertilidad) al suelo, con lo que se logra reducir o eliminar completamente la necesidad de fertilizantes químicos. Es una forma natural de enriquecer el terreno y de prepararlo para acoger posteriores siembras.

Cuando el pasto se ha mezclado con la tierra, éste se pudre como lo haría en el estercolero, dejando cierta cantidad de humus en el suelo, lo cual es vital para su textura, o su estructura. También deja un residuo de nutrientes que se producen durante el proceso.

En el caso de las plantas con raíces profundas, éstas extraen de dentro del suelo elementos importantes y se los facilitan a la siembra con plantas de raíces superficiales que se hayan plantado después del pasto. Las plantas leguminosas (guisantes y altramuces, por ejemplo) pueden funcionar como abonos nitrogenados.

De hecho, extraen el nitrógeno, un elemento esencial para el crecimiento de la planta, del aire y lo “fijan” en el suelo, facilitando así su utilización para otras plantas.

Otra de las ventajas de los pastos es que pueden actuar como protección. En muchas áreas el suelo que se deja sin cultivar desde la siega de una cosecha hasta la siembra de otra tiende a erosionarse con el viento o las corrientes de agua.

Esto se puede prevenir sembrando una cosecha intermedia de plantas de crecimiento rápido. También ayuda a mantener la parcela libre de hierbajos.

Para que ello tenga más efecto, las tapizantes se siembran tan pronto como se haya recolectado la siembra principal.

El suelo puede que necesite ararse o simplemente rastrillarse, dependiendo de las condiciones en que esté. La semilla se puede esparcir o plantar en hoyos. Un poco antes de que la siembra esté para segar, el pasto se corta, dejándolo marchitar, y luego se hará y se mezcla con la tierra. La siembra de cobertura no se debe dejar que florezca.

Si florece y luego se hace semilla habrá una nueva cosecha, entablando una competición con la cosecha principal que se vaya a plantar.

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